INTRODUCCION
En el año en curso (2009) se piensa producir miel Express mediante la abeja (apis melífera) en la inspección de pradilla con fines comerciales.
Se escogió producir miel Express por que esta en menos tiempo que la miel que producen solas las abejas normalmente en su entorno natural, normalmente se demora seis meses producir miel sin intervención del estudiante y en 3 meses con la supervisión del estudiante que las alimenta constantemente para incentivar la colmena para que produzca mas miel en menos tiempo, con una mezcla llamada agua azúcar que contiene: 2 Lt. de agua por 1 Kg de azúcar.
En el año en curso (2009) se piensa producir miel Express mediante la abeja (apis melífera) en la inspección de pradilla con fines comerciales.
Se escogió producir miel Express por que esta en menos tiempo que la miel que producen solas las abejas normalmente en su entorno natural, normalmente se demora seis meses producir miel sin intervención del estudiante y en 3 meses con la supervisión del estudiante que las alimenta constantemente para incentivar la colmena para que produzca mas miel en menos tiempo, con una mezcla llamada agua azúcar que contiene: 2 Lt. de agua por 1 Kg de azúcar.
Justificación
Con la realización de este proyecto lo que se busca es potencializar la utilización de un producto como lo es la miel de abejas utilizando un método alimenticio que permite una mayor producción. Su ubicación es en la región del Tequendama, específicamente en la inspección de Pradilla y el colegio Luis Carlos galán sarmiento.
La miel es un producto con unas características nutricionales muy atractivas, ya que es un alimento dulce, de fácil conservación y consumo. Estas características hacen que este proyecto tenga una alta posibilidad de éxito, ya que la población en general a la cual va dirigida demanda una gran cantidad de productos dulces y en este caso lo puede ser la miel.
Este es uno de los primeros proyectos innovadores que tratara un tema como lo es la apicultura y la explotación de de las abejas (Apis Mellifera) para un beneficio humano que es el producir miel en tiempos menores a los que normalmente se produce.
5. Marco de referencia
ABEJA
La abeja europea, también conocida como la abeja doméstica o melífera lleva el nombre científico de Apis mellifera. Es la especie de abeja con mayor distribución en el mundo. Originaria de Europa, África y parte de Asia, fue introducida en América y Oceanía. Fue clasificada por Carolus Linnaeus en 1758. A partir de entonces numerosos taxónomos describieron variedades geográficas o subespecies que, en la actualidad, superan las 30 razas.
Cuando un apicultor se refiere a sus colmenas en forma colectiva lo hace desde un concepto intuitivo de colectividad, al hablar de los componentes de un apiario, habla lógicamente del conocimiento de la biología de las abejas, cuya naturaleza social hace que el individuo, en sí mismo, carezca de valor en favor de la colectividad de las abejas. Por todo ello se dice que la colmena es un superorganismo.Este superorganismo se comporta con sinergia que es el efecto producido por la interacción entre los componentes de un sistema que hace que el todo sea más que la suma de las partes individuales. A esta sinergia de conjunto demostrada por Farrar matemáticamente hace muchos años, la denominaremos Regla de Farrar.
. ANATOMÍA.
La apicultura mueve grandes cantidades de dinero, en producción de miel, jalea real, polinización de cultivos, etc..
Como en cualquier otro insecto, las abejas poseen un esqueleto externo compuesto por quitina. Este exoesqueleto, le permite evitar la desecación del cuerpo, evitar golpes y protegerse de los enemigos. Como inconveniente presenta la falta de movilidad del insecto, por lo que el esqueleto se divide en segmentos conocidos como metámeros, donde son más visibles en el abdomen. En cierta medida nos recuerda este exoesqueleto a las armaduras de los caballeros en la Edad Media, por lo que deben de articularse de alguna medida, para favorecer la movilidad.
En la cabeza presenta dos ojos compuestos, tres ojos simples, dos antenas y un aparato bucal. Los ojos simples u ocelos están especializados en la visión a corta distancia, en el interior de la colmena, y los ojos compuestos en la visión a larga distancia, para localizar fuentes de alimento, enemigos, etc.. Estos ojos compuestos realizan la visión a modo de mosaico, y los colores que mejor ven son los propios de las flores. Los colores oscuros las ponen agresivas, por lo que muchas veces comprobamos, como el primer lugar de nuestro cuerpo al que se dirigen, es el pelo.
En el primer par de patas poseen una escotadura, que es como una especie de peine con el cual, se pueden quitar el polen de las antenas y de otras partes del cuerpo, y lo almacena en una hueco que poseen en el último par de patas, con lo que se forman unas bolas de polen características, que le dan información al apicultor de las especies de plantas que están visitando las abejas.
El aguijón de las obreras está asociado al aparato reproductor y al reservorio de veneno. Al picar, el aguijón se queda adherido ya que lleva una serie de dientes, con lo que la abeja muere, ya que pierde el aparato reproductor y parte del aparato digestivo. Es conveniente quitarse el reservorio de veneno cuanto antes, ya que puede alertar a otras abejas de que piquen en el mismo sitio.
Las abejas deben tener gran movilidad en el interior de la colonia y un vuelo perfecto en la búsqueda de alimento, por lo que los dos pares de alas, se acoplan en el vuelo mediante una serie de ganchos y quedan desacopladas cuando el individuo está en la colmena, para favorecer su movilidad.
INDIVIDUOS.
Existen tres tipos de individuos en una colmena. La reina, que tiene el doble de tamaño que las obreras, machos o zánganos y obreras. La reina introduce el abdomen en las celdillas y pone un huevo alargado, que pasa a estado de larva y posteriormente a estado de pupa. Posteriormente, una vez que ha sufrido la metamorfosis, la obrera rompe el opérculo que cierra la celdilla, y sale ya en estado adulto.
En el vuelo nupcial, la reina acumula en su interior los espermatozoides del macho en la espermoteca. Según el tamaño de la celda los individuos serán machos o hembras; si la celda es estrecha, la reina al colocar el huevo, las paredes ejercen presión sobre el abdomen, y los espermatozoides de la bolsa, salen de esta, fecundando el huevo que dará lugar a un individuo hembra u obrera. En las celdas anchas, que se suelen localizar en los extremos de los cuadros de las colmenas, la reina pone el huevo y al no ejercerse presión sobre el abdomen, los espermatozoides no salen y no se produce fecundación resultando un individuo macho o zángano.
La cuna de la reina es una celda especial llamada realera, maestril o celda real, edificada por las obreras. La celda real tiene forma de bellota, se abre hacia abajo y contiene una larva pegada a la parte superior mediante una gota de jalea.
Las colmenas que normalmente se utilizan en España, poseen una serie de cuadros, que pueden ser extraídos del cuerpo de la colmena, con lo cual, se pueden examinar continuamente los panales, se facilita la extracción de la miel y se pueden reutilizar los panales.
Pero antes de examinar una colmena hay que utilizar una serie de medidas de prevención.
Una vez que las obreras han localizado una fuente de alimento avisan a las restantes mediante movimientos circulares o en forma de ocho, dependiendo de la distancia a la cual se encuentra el alimento.
LA POSTURA
En la punta interior afinada de cada ovariola de los ovarios de la reina se encuentran las células germinales femeninas primarias u oogonias. Más hacia abajo, en las ovariolas, se multiplican estas células y se diferencian en células más grandes u oocitos (que llegan a ser huevos) y en células más chicas llamadas células nutriticias o trofocitos, que son luego absorbidos como alimento por las células del huevo en crecimiento. A medida que se van formando nuevos oocitos, las ovariolas se alargan en su punta interna y
los huevos más viejos, cada uno acompañado por una masa de células nutricias, aumentan en tamaño.
Así una ovariola se hace una sucesión de depósitos de huevos, alternando con cámaras de células nutricias.
Los huevos llegan al máximo de su crecimiento en las puntas inferiores de las ovariolas y prácticamente absorben todas sus células nutricias, de modo que las paredes de las cámaras que las contienen, o folículos, segregan una membrana sobre cada huevo, conocido como corión.
Los tubos de los testículos masculinos producen los espermatozoides en forma similar, pero éstos se mantienen como individuos libres, activos, que se parecen a hilos.
El huevo maduro se despide por oviducto al pasaje de salida genital, o vagina. Conectado con la vagina se encuentra un pequeño saco, la espermateca, que contiene los espermatozoides recibidos de los zánganos durante el apareamiento.
Una apertura diminuta, el micrópilo, en la punta posterior del huevo, admite al espermatozoo, pero la reina en función de un mecanismo regulador, despide esperma sobre algunos huevos y lo retiene en el caso de otros. Los huevos que llegan a ser fertilizados se convierten en abejas hembras; los que no son fertilizados se hacen zánganos. Debido a algún estímulo el huevo de la abeja se desarrolla en ambos casos, fertilizado o no.
EL HUEVO
El huevo recién puesto es alargado, redondeado en su puntas y levemente convexo en la parte que será la superficie inferior del embrión. La parte interna está
compuesta por el citoplasma y por los materiales nutritivos derivados de las células nutricias en el ovario.
El huevo dentro del corión está cubierto por una delicada membrana vitelina.
Dentro de la membrana se encuentra una capa cortical de citoplasma. El núcleo del huevo está encerrado en un pequeño cuerpo de citoplasma cerca de la punta
posterior del huevo.
El desarrollo comienza con la división del núcleo y en consecuencia los núcleos hijos producidos. Las células de desdoblamiento que han sido formadas de este modo migran hacia el citoplasma cortical, donde forman una capa de células en la superficie del huevo, lo que constituye el blastodermo .
Poco después, la parte inferior del blastodermose hace más gruesa, formando lo que
conocemos como banda de germen, mientras el blastodermo dorsal, como contraste, se hacemuy fino. La banda de germen es el comienzodel embrión . Sus bordes crecen haciaarriba, a los costados y alrededor de las puntas del huevo, a medida que se contrae el blastodermo fino dorsal desapareciendo finalmente y permitiendo que la banda de germen se cierre sobre el dorso.
La pared del embrión está ahora completa, pero todavía no hay órganos internos.
LA LARVA
Las láminas laterales llegan a ser la epidermis de las paredes del cuerpo del insecto, que segregan la cutícula externa. De la lámina ventral se forma el mesodermo, del
que derivan los músculos, el tejido grasos, el corazón y los órganos reproductores internos.
El estómago o ventrículo es formado por cordones de células endodermales, desarrollados a partir de las dos puntas de la larva que se juntan y encierran la yema,
que será el alimento para el embrión en crecimiento.
En la boca se produce un crecimiento tubular del ectodermo hacia adentro y de esta manera se forma el estomodeo, que se abre dentro de la punta anterior del estómago.
En modo parecido, un crecimiento hacia adentro desde el ano forma el proctodeo, que se une con la punta posterior del estómago. El tubo digestivo del insecto se halla compuesto siempre por estas tres partes.
El sistema nervioso es de origen ectodérmico. Se forma de células soltadas internamente de la línea ventral-media del embrión. Las células nerviosas se juntan primero en masas segmentales en pares o ganglios, conectados en forma cruzada por comisuras de fibra y a lo largo por conectivos.
Los ganglios primarios, sin embargo, se unen para formar un ganglio compuesto en cada segmento, del que crecen los nervios hacia afuera, es decir hacia los músculos, glándulas y otros órganos.
Los glanglios de la cabeza forman el cerebro primitivo. Los nervios de los órganos de los sentidos se originan en células de la epidermis y crecen hacia adentro de los ganglios.
El sistema respiratorio traqueal es igualmente ectodérmico, originándose en crecimientos tubulares hacia adentro, a los costados del cuerpo. Las aberturas externas son los espiráculos.
En el aspecto externo el embrión joven comienza a diferenciarse en dos segmentos bien típicos, o sea la cabeza y el cuerpo .
En la cabeza se forman como pequeños lóbulos, los rudimentos del labro, las antenas. Alas y patas, sin embargo, no aparecen en el embrión o larva porque sus rudimentos se encuentran hundidos en invaginaciones llanas de la epidermis debajo de la cutícula.
El complemento total de 10 espiráculos se encuentra a cada lado del embrión.
Cuando el embrión se halla completamente desarrollado, una larva joven eclosiona del huevo. Durante el transcurso de su vida la larva pasa por cinco etapas de crecimiento, mudando su cutícula después de cada etapa.
La larva de la abeja es una criatura muy simple, sin patas o alas externas, como corresponde a su vida de inactividad en la celda del panal.
Su tarea es limitada, excepto comer el alimento que le dan las abejas nodrizas.
La larva tiene una cabeza pequeña y un cuerpo de 13 segmentos, pasando sin diferenciar de tórax a abdomen. En el frente de la cabeza hay dos pequeños discos que marcan los
lugares de las antenas hundidas.
Los órganos de alimentación incluyen un par de pequeñas mandíbulas y un par de maxilares simples.
Entre los maxilares se encuentra un lóbulo mediano, sobre el que se abre el conducto de las glándulas de seda entre labios levantados, formando un órgano hilandero
El lóbulo del órgano hilandero es formado por la unión de la hipofaringe con el final del labio, estando este último plenamente expuesto en el lado de abajo de la cabeza. Las glándulas de seda de la larva de la abeja melífera son las glándulas salivares de la mayoría de los otros insectos, que se abren en su conducto terminal entre las bases de la hipofaringe y el labio desunidos.
Ya que la función principal de la larva de abeja es comer, tiene un estómago enorme, o ventrículo, un saco
cilíndrico tan largo como el cuerpo. Un corto tubo de ingestión, el estomodeo que va desde la boca al estómago y un intestino contorneado, o proctodeo, conecta la parte posterior del estómago con el ano
terminal. Saliendo de la punta interior del proctodeo hay cuatro tubos de Malpighi, dos de cada lado, que son los órganos excretores del insecto. En una larva joven los tubos son finos, pero en la larva madura se dilatan mucho por la acumulación de las secreciones que se encuentran dentro de ellas.
Con el fin de conservar la limpieza en la celda larval, tanto los tubos de Malpighi como el estómago se encuentran cerrados y no conectados con el intestino, hasta que la larva está madura; en ese momento la celda es operculada. Luego se abren los tubos y el estómago se conecta con el intestino y su contenido es despedido por el ano al fondo de la celda.
LA PUPA
Ahora la larva teje su capullo y muda por ultima vez, pero no
se quita la cutícula.
La pared del cuerpo ya ha adoptado la forma de una pupa joven , que se encuentra envuelta en la cutícula larval.
Los tres segmentos toráxicos son de aproximadamente el mismo tamaño y no hay constricción entre el tórax y el abdomen. En la parte posterior del abdomen de una pupa femenina , se encuentran los rudimentos del aguijón.
En un estado posterior , todavía dentro de la cutícula larval, el tórax se acerca más a la forma adulta por una expansión del segmento del medio, a expensas del primer y tercer segmento.
Sin embargo, todavía no hay ninguna constricción que separe el abdomen del tórax. Cuando termina el desarrollo, la pupa madura se parece claramente a una abeja adulta.
El tórax se encuentra ahora bien separado del abdomen, pero hay que observar que la constricción está entre los segmentos abdominales primarios, primero (I) y segundo (II).
El primer segmento reducido se encuentra íntimamente unido con el tórax y constituye virtualmente parte del mismo, conocido como el propodeo.
La pupa completamente formada se quita la cutícula larval y no pasa por más cambios externos. En su interior, sin embargo, los tejidos larvales especiales se descomponen y se transforman en alimento para los tejidos adultos en crecimiento.
Entonces, cuando el adulto está completo dentro de la pupa, éste parte la cáscara pupal y emerge como una abeja adulta. (papel 3- La pupa se transforma en abeja).
El cambio de larva a adulto se llama la «metamorfosis» del insecto pero es primordialmente un reemplazo de la larva por el adulto.
La abeja melífera adulta está conformada sobre un plan general
altamente especializado y por esta razón está provista de mecanismos y accesorios que le posibilitan la vida
adaptada a su manera particular.
Por eso, al estudiar la abeja, mientras tenemos que prestar atención a su organización fundamental de insecto, corresponde considerar como de especial importancia la estructura y las modificaciones de los órganos que adaptan a la abeja a su forma de vida y la diferencian de otros insectos.
En su estructura general la abeja se parece a cualquier otro insecto aunque su forma se encuentra oscurecida por la densa capa de pelos con que está cubierto su cuerpo. La capa externa de la abeja es especialmente mullida: La mayoría de los pelos son como plumas, ya que el tubo o raquis de cada pelo tiene muchos ramales cortos.
La cabeza del insecto lleva los ojos, las antenas y los órganos de la alimentación. Se encuentra unida a la próxima división del cuerpo, el tórax , por un cuello fino y flexible. El tórax y la tercera sección del tronco, o abdomen, se componen de una sucesión de anillos, llamados segmentos. En la mayoría de los insectos el tórax consiste únicamente en tres segmentos, pero en la abeja e insectos relacionados incluye cuatro, que
son el protórax (1), el mesotórax (2), el metatórax (3) y el propodeo (I).
El propodeo de la abeja es el primer segmento de la mayoría de los demás insectos. El protórax lleva el primer par de patas; el mesotórax y el metatórax, además de llevar cada uno un par de patas, sostienen también dos partes de alas. El tórax es evidentemente el centro locomotor del insecto. Un pecíolo corto, el pedúnculo, adhiere el tórax al abdomen que contiene los principales órganos internos y lleva el aguijón.
Los órganos de alimentación de la abeja se componen de partes idénticas, como en los saltamontes o en los grillos, pero son muy diferentes en su forma porque en la abeja están adaptados a la ingestión de polen, al igual que al alimento líquido a obtenerse de las profundidades de las corolas de las flores (néctar), mientras que los insectos como los saltamontes y los grillos, simplemente quitan el alimento sólido con un
mordiscón, lo mastican y tragan partículas.
Las alas de la abeja se encuentran adaptadas para el vuelo rápido y también para mantener una carga. Las patas se hallan modificadas en su estructura para varios usos, aparte de la locomoción. El aguijón de la abeja representa el ovipositor de otros insectos femeninos, suficientemente remodelado en su estructura como para aguijonear e inyectar veneno en lugar de huevos.
La mayoría de los órganos internos de la abeja son muy similares a los de otros insectos, pero el canal alimenticio tiene una adaptación especial para llevar néctar o miel. El sistema respiratorio se encuentra muy amplificado. La reina tiene los ovarios tan altamente desarrollados, que es capaz de producir un elevado número de huevos que pueden ser despedidos en forma continua durante largos períodos de tiempo.
Glándulas especiales, situadas en la cabeza, producen una rica sustancia para la cría. Las glándulas del abdomen producen cera para la construcción del panal.
Cerca del extremo del abdomen se encuentra una glándula que segrega un olor que transmite información de las abejas entre sí.
ESTRUCTURA DE LA CABEZA
La cabeza de la abeja melífera vista de frente es triangular, achatada de atrás hacia adelante, algo cóncava en la superficie posterior y se encuentra unida al tórax por un cuello angosto membranoso.
Los ángulos laterales están cubiertos por los ojos compuestos y encima de la cabeza existen tres ocelos. Las antenas nacen muy juntas, cerca del centro de la cara. Debajo de sus bases hay una hendidura prominente, arqueada, que pone de relieve un área importante, conocida como clípeo. De su margen inferior se tiene suspendido un colgajo ancho y movible: el labro.
Adherido al costado en la parte inferior de la cabeza, detrás del labro, se encuentran dos mandíbulas parecidas a los maxilares; detrás de aquéllas, vistas mejor desde atrás de la
cabeza están suspendidas las dos maxilas y el labio medio.
La larga parte distal de los maxilares y labio, se proyectan hacia abajo o se doblan hacia atrás, por debajo y detrás de la cabeza pero en su posición funcional se juntan para formar una probóscide tubular para alimentarse con líquidos.
En la parte de atrás de la cabeza, como se ve cuando se encuentra separada del cuerpo , hay una abertura central, el foramen del cuello, que comunica la cavidad de la
cabeza con la del cuerpo y que da pasaje al esófago, los nervios, vasos sanguíneos, tubos respiratorios y conducto salivar. Debajo del foramen, en forma recortada, se encuentra una incisión grande en forma de herradura con una base membranosa, donde están implantadas las bases largas de los maxilares y labio. Por eso se llama a esta depresión Fosa de la Probóscide.
Internamente, las paredes de la cabeza se hallan reforzadas con dos barras grandes que se extienden por la cavidad de la cabeza, desde los costados del foramen del cuello hasta las hendiduras de la cara a los costados del clípeo. Las puntas posteriores de las barras están conectadas en forma de puente por una fina varilla cruzada, que puede verse desde atrás, justo dentro del foramen del cuello. Las barras y el puente que las conecta constituyen el tentorio.
Aunque la cabeza de un insecto tiene una estructura parecida al cráneo, con paredes continuas, su desarrollo embrionario muestra que está formado por la unión íntima de varios segmentos iguales a los del tórax y del abdomen. La estructura de los segmentos de la cabeza, por otra parte, se encuentra confirmada por el hecho de que la cabeza lleva cuatro pares de apéndices. Estos apéndices son las antenas, las mandíbulas o quijadas del insecto, las maxilas y el labio, que representan un segundo par de maxilares
unidos. En las abejas los maxilares y el labio forman en conjunto la probóscide, un órgano que facilita la alimentación con líquidos. La cabeza también lleva los ojos; generalmente un par de grandes ojos compuestos laterales y entre éstos hay tres ojos pequeños simples llamados ocelos.
Antenas
Las antenas son apéndices con libre movilidad, con sus bases que encajan dentro de una pequeña área membranosa de la pared de la cabeza . Cada antena gira sobre un solo punto de articulación del borde de la base y está provista de cuatro músculos que salen del tentorio del mismo lado de la cabeza.
Cada apéndice tiene además una unión, parecida a un codo, entre su segmento basal, o escapo y la parte flexible distal llamada el flagelo. El escapo de la antena de los zánganos es más corto que el de las obreras, pero el flagelo del zángano es mucho más largo y consta de 12 artejos cortos mientras que la obrera y la reina solamente tienen 11.
Las antenas son órganos sensoriales importantes. Cada apéndice es recorrido internamente por un nervio doble y grande desde el cerebro. El flagelo está cubierto por pequeños pelos inervados y otras estructuras sensoriales diminutas de varios tipos. Es difícil determinar la función de cada variedad de órganos de los
sentidos, pero las antenas responden particularmente a estímulos del tacto y del olfato
Mandíbulas
Las mandíbulas se encuentran suspendidas de la cabeza a los costados de la boca, que está inmediatamente detrás de la base del labro. Cada
mandíbula tiene una punta de articulación anterior y una posterior en la cabeza y sólo se encuentra provista de dos músculos fijados en costados opuestos del eje de movimiento.
Por consiguiente las mandíbulas giran hacia el costado, pero debido a que las articulaciones anteriores son más altas que las posteriores, las puntas de las mandíbulas se dan vuelta hacia adentro y hacia atrás cuando éstas se cierran. La mandíbula de la abeja obrera es ancha en la base, se afina en el centro y se ensancha nuevamente en
una expansión con una superficie interior cóncava, atravesada por el canal del medio. Desde el canal corre una ranura (e) hacia arriba hasta una abertura (1) en la base de la mandíbula, que es la salida de una glándula mandibular grande, en forma de saco, que se encuentra en la cabeza encima de las mandíbulas.
La glándula segrega un líquido claro, del que no se conoce definitivamente su finalidad, pero se supone que la secreción se utiliza para ablandar la cera. Las glándulas mandibulares son mayores en la reina; en el zángano se encuentran reducidas a vesículas pequeñas.
La abeja obrera usa sus mandíbulas para comer polen, trabajar la cera en la construcción del panal, soportar la base de la probóscide estirada y realizar cualquier trabajo de la colmena que requiera un par de instrumentos aptos para agarrar. Las mandíbulas de la reina son más grandes que las de la obrera pero les
faltan los rasgos especiales; cada una tiene una intercomunicación ancha cerca del ápice puntiagudo. Las mandíbulas de los zánganos son más pequeñas que las de las obreras y cada una tiene una hendidura profunda en la base del extremo apical.
Apéndices bucales o aparato bucal El aparato bucal de la abeja es del tipo lamedor. Se compone del labio superior o labro, la epifaringe, oculta por el labro, y el par de mandíbulas . Las mandíbulas de la obrera son anchas en sus extremos, con forma de cuchara, pero estrechas en el medio. Las de la reina y el zángano son dentadas y más velludas. La epifaringe es una pieza quitinosa, ligada a la parte interna del labro como si fuera la parte superior de la boca. Es un órgano sensorial y probablemente el correspondiente al gusto del insecto.
Trompa o probróscide
Está compuesta por las maxilas y el labio. Las maxilas se componen de los estipites, galeas, lacinias y vestigios de los palpos maxilares. El labio está formado por varios segmentos: el basal, llamado posmentón es triangular y está unido al centro o parte media del lorum. A él se une el amplio y rectangular prementón, ligado a la lengua media; esta es producto de la combinación de la glosa y la paraglosa, que incluye la
base de la glosa. A la base del prementón se hallan unidos los cuatro segmentados palpos labiales. La unión de los maxilares con los palpos labiales forma un tubo por donde se mueve la lengua o glosa. El conjunto recibe el nombre de probróscide o trompa. La lengua está formada por un gran número de anillos y cubierta de pelos quitinosos colocados en filas transversales que cambian, sucesivamente, de longitud y forma hasta ser muy finos y sensibles en su extremo. Termina en un botón o plumón llamado labello que se pliega hacia atrás cuando la abeja lame.
La lengua no es un tubo sino un canal, cuyos bordes pueden unirse formando un tubo. Si fuera directamente un tubo, podría obstruirse con granos de polen en especial si estuvieran untados con miel. La naturaleza no sólo ha provisto a la abeja de una lengua en forma de canal, sino que también, al poder separar los bordes, facilita su
limpieza.
Trompa o probróscide
Está compuesta por las maxilas y el labio. Las maxilas se componen de los estipites, galeas, lacinias y vestigios de los palpos maxilares. El labio está formado por varios segmentos: el basal, llamado posmentón es triangular y está unido al centro o parte media del lorum. A él se une el amplio y rectangular prementón, ligado a la lengua media; esta es producto de la combinación de la glosa y la paraglosa, que incluye la
base de la glosa. A la base del prementón se hallan unidos los cuatro segmentados palpos labiales. La unión de los maxilares con los palpos labiales forma un tubo por donde se mueve la lengua o glosa. El conjunto recibe el nombre de probróscide o trompa.
La lengua está formada por un gran número de anillos y cubierta de pelos quitinosos colocados en filas transversales que cambian, sucesivamente, de longitud y forma hasta ser muy finos y sensibles en su extremo. Termina en un botón o plumón llamado labello que se pliega hacia atrás cuando la abeja lame.
La lengua no es un tubo sino un canal, cuyos bordes pueden unirse formando un tubo. Si fuera directamente un tubo, podría obstruirse con granos de polen en especial si estuvieran untados con miel. La naturaleza no sólo ha provisto a la abeja de una lengua en forma de canal, sino que también, al poder separar los bordes, facilita su limpieza.
Cuando lame líquidos livianos, carga sus pelos por capilaridad, pero cuando se trata de líquidos espesos, junta los lóbulos terminales del labio con el maxilar para formar esa especie de tubo aspirante, y el alimento llega a la boca por la succión que producen los músculos de la faringe.
El botón tiene en su parte central una ranura que se expande en forma de doble rulo en el interior de la lengua. Como los canales de la lengua son ventrales, el néctar pasa a la parte dorsal por medio de la paraglosa, que son dos lóbulos blandos que la recubren.
3. MEDIOS APÍCOLAS.
El material auxiliar de un apicultor consiste en un ahumador, un alza cuadros que son unas pinzas para poder levantar los cuadros, un cepillo para poder limpiar el cuadro de las abejas, un mono, una careta y unos guantes.
Actualmente las caretas que se utilizan, llevan acoplado un jersey ya que de esta forma es más difícil la penetración del insecto en la cara, ya que las zonas más dolorosas en las picaduras son las mucosas y zonas cartilaginosas, como boca, oreja y naríz.
Cuando se aplica humo a la colmena, las abejas lo primero que hacen es tomar miel ante el peligro, con lo se les hincha el abdomen y es más difícil que lo puedan doblar dicho abdomen para picar, ya que se encuentra lleno.
4. COLMENAS.
La colmena es el armazón de la colonia, siendo la parte fundamental de esta los cuadros que se encuentran en su interior.
En cada cuadro podemos observar varias zonas. En la zona central se localizan las crías, larvas y pupas operculadas, por lo que se le denomina núcleo vital. En esta zona existen obreras nodrizas que cuidan de las crías y zánganos o machos en primavera.
Según la ubicación de las puestas operculadas en cada cuadro, podremos saber si la reina está trabajando bien o no.
En la periferia de este núcleo vital, existe otra zona de actividad o zona media, que es donde se almacena el polen y la miel. En esta zona se regula el clima de la colonia y es donde se localizan las obreras domésticas.
Posteriormente existe otra zona, ya en la periferia del cuadro, donde se encuentran las obreras de defensa de la colonia.
En la base de la colmena se encuentra la puerta de entrada o salida de las abejas, conocida como piquera, la cual lleva un tablero de vuelo, que es una pequeña superficie que sirve para poder cerrar la piquera en los transportes de las colmenas, y para poder facilitar el despegue y aterrizaje de las abejas cuando se encuentra abierta.
Un cuadro se compone de una lámina de cera con alveolos hexagonales, ya que de esta forma aprovechan el máximo espacio en cada cuadro.
En el establecimiento del colmenar, hay que tener en cuenta varios factores.
La carga de colonias que podamos colocar en una zona, depende de la vegetación de la misma, tanto en cantidad como en distancia que tengan que recorrer las abejas en su búsqueda.
En la orientación de las colmenas, no deben incidir los vientos dominantes sobre la entrada, ya que bajan o suben la temperatura de la colonia, y dificultan la entrada y salida de las abejas. La orientación de la colmena normalmente se hace hacia el sur.
Influyen otros factores como disponibilidad de agua, legislación al respecto, etc..
PRODUCTOS.
Los productos que produce la colmena es la miel, que se produce a partir del nectar o melazas que las abejas recolectan de las plantas vivas, y que transportan o elaboran mediante la evaporación de agua y acción de enzimas segregadas por ellas, quedando almacenada en los alveolos o celdillas de los panales.
También se utiliza el polen el cual es una fuente de proteínas en la alimentación humana. Los propóleos son unas sustancias formadas por la mezcla de resinas y bálsamos, mezcladas con cera y que las abejas utilizan para sellar las celdas de la colonia. Los propóleos se utilizan en cosmética, medicina y para barnices.
De la colmena también se utiliza la jalea real, la cera e incluso...... el veneno de las abejas.
PATOLOGÍAS.
En las abejas existen diversas patologías, pero distinguimos la varroa, que es un ácaro que se alimenta a través del tegumento de los zánganos y obreras succionando la hemolinfa, es decir, se alimenta como una garrapata. Las abejas afectadas por este ácaro, aparecen más pequeñas de su tamaño normal.
La hebra de este ácaro realiza la puesta en el interior de las celdas de las crías, por lo que una vez que salen las abejas adultas al exterior quedan debilitadas, por la succión de la hemolinfa del ácaro. Los individuos aparecen más pequeños de lo normal, sin alas, etc., por lo que al poco tiempo mueren.
Este ácaro se localiza en la parte dorsal de la abeja, entre las alas, dificultando de esta forma al individuo, quitarse el parásito de encima.
Enfermedades de las abejas adultas (etiología, diagnóstico y tratamiento).
En los enjambres de abejas que el hombre emplea en las prácticas apícolas (Apis mellifera L.) se pueden presentar enfermedades producidas por diferentes agentes (ej. virus, bacterias, protozoos, hongos etc.). Para el control de estos agentes se emplean en muchos casos productos quimioterápicos; pero hay que tener siempre mucho cuidado con su uso, ya que los productos que se extraen de las colmenas (ej. miel o polen) son comercializados directamente, y pueden contener restos de los compuestos químicos empleados en los tratamientos, o de derivados de estos
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Virosis.
Se han descrito más de 300 virus que pueden afectar a diferentes especies de insectos. Tradicionalmente se ha aceptado que cualquier cuadro patológico que presente una colmena, si no podemos identificar el agente causal, es originado por un virus. De esta forma las virosis en apicultura se han convertido en un gran "cajón de sastre", en el que se incluyen una serie de patologías raras o de agente causal desconocido.
Un primer aspecto a tener en cuenta sobre estos agentes patógenos es que varios de ellos pueden estar presentes de forma simultánea en las colonias y si las examinamos los animales no presentan ningún tipo de síntomas, es decir, la presencia de virus en una colonia no está asociada forzosamente a una enfermedad. Se admite de forma general que la presencia o ausencia de síntomas en las abejas depende de: (1) la dotación genética, (2) la via de contaminación y (3) el entrono o medio ambiente. También es importante saber que varrroa actúa en muchos casos como un vector transmisor, o activador de estos agentes patógenos.
Otro aspecto importante a destacar es la ausencia de tratamientos fectivos. Aunque no existan tratamientos que nosotros podamos aplicar, las abejas si tienen un sistema inmune que las protege y defiende. Finalmente debemos resaltar dos aspectos importantes de las virosis: (1) las poblaciones de virus en las colonias varían a lo largo del año y (2) algunas enfermedades viricas se manifiestan solamente cuando otro agente patógeno desencadena su acción.
Los virus que afectan a A. mellifera pueden causar alguno de los tres siguientes tipos de acciones patógenas:
+ Acción patógena directa. En este caso la presencia de un determinado virus y su multiplicación en los tejidos de las abejas, son la causa desencadenante de una determinada enfermedad.
+ Acción patógena asociada a otras enfermedades. Esta se presenta cuando otra enfermedad debilita previamente las defensas de los insectos, entonces la situación es aprovechada por los virus, que actúan como oportunistas, para desencadenar su ataque.
+ Acción patógena no evidente o inapreciable. En algunos casos la acción de un determinado virus, no desencadena la aparición de una sintomatología específica en los animales parasitados, es decir, el animal atacado parece sano ya que su aspecto y comportamiento pueden ser considerados como normales.
Se conocen 13 virus que pueden afectar a las abejas adultas y a la cría, y que desencadenan alguna de las acciones patógenas expuestas anteriormente, todos excepto el virus filamentoso (que contiene ADN) usan como material genético el ARN; así mismo todos tienen forma esferoidal o poliédrica, excepto el virus de la parálisis crónica y el filamentoso.
La dispersión entre colmenas se produce a tres niveles diferentes. Dentro de la colmena: debido a una alta densidad de animales o debido la acción de otro organismo como puede ser Varroa destructor. En el colmenar: mediante la deriva de los insectos, el trasvase de abejas entre colmenas y el pillaje. Y entre colmenares: mediante las prácticas trashumantes y el trasiego de material contaminado.
El diagnostico de una virosis es complicado, y es necesario disponer de un laboratorio bastante bien dotado de medios e instrumental. Por lo tanto un diagnóstico de campo se suele realizar por exclusión, es decir, eliminados todos los demás agentes causales, se piensa que los síntomas tienen que ser causados por un virus. Para complicar más la situación, muchos de los virus presentan sintomatologías muy parecidas, y en algunos casos muy parecidas también a las que tienen las intoxicaciones por pesticidas.
De una forma "aproximativa" podemos diferenciar una intoxicación por pesticidas de una virosis, para ello tenemos que tener en cuenta que la intoxicación suele afectar a todo el colmenar y la virosis a unas determinadas colmenas.
Para complicar aun más el panorama, la acción de algunos virus también puede ser confundida, en algunos casos, con la nosemiasis (enfermedad producida por un protozoo parásito); la sintomatología que produce Nosema apis, en algunos casos, puede consistir en trastornos digestivos unidos a alteraciones de tipo nervioso. La única forma de realizar el correcto diagnóstico de una virosis, consiste en aislar el agente causal a partir de animales enfermos, pero esta labor es muy difícil de realizar por un apicultor, ya que son necesarias instalaciones equipadas con los instrumentos necesarios para estudiar virus.
Virus de la parálisis crónica (V.P.C.). Los animales infectados por el V.P.C. pueden presentar dos sintomatologías diferentes, descritas desde hace bastante tiempo y denominadas "parálisis" y "ladronas negras"; normalmente los habitantes de una colmena infectada presentan solamente una de ellas. En algunos casos los animales infectados por este virus, se describen como afectados por el mal de los bosques o la enfermedad negra.
En el síndrome de la parálisis las abejas afectadas presentan temblores en las alas y el cuerpo, en muchos casos el abdomen se encuentra hinchado (debido a una distensión del buche de la miel) y pueden presentar diarreas; normalmente están incapacitadas para volar y se suele observar a los animales constituyendo masas de varios cientos de individuos cerca de las piqueras.
En el síndrome de las ladronas negras las abejas van adquiriendo una coloración negra brillante y de aspecto grasiento. Aunque pueden volar, cuando vuelven a las colmenas no son reconocidas por las guardianas y se les niega el acceso, por lo que en algunos casos los apicultores piensan que son abejas procedentes de otras colmenas que se están dedicando al pillaje.
Los síndromes son causados por un virus ARN de forma elipsoide y de tamaño variable, que se multiplica (reproduce) en los tejidos del sistema nervioso de las abejas. La principal vía de contagio, exceptuando a Varroa destructor y Acarapis woodi, parece ser a través de las heridas que se producen en los cuerpos de las abejas, o a través de las quetas rotas (las quetas o "pelos" que recubren el cuerpo de las abejas no son estructuras muertas, su interior se encuentra "vivo" y en contacto con la hemolinfa). En el laboratorio se han podido reproducir los síntomas del síndrome de la parálisis, aplicando muestras de virus sobre heridas o bien inyectándolos en el cuerpo de los animales.
Este virus se encuentra muy extendido, produciendo generalmente un debilitamiento paulatino de las colonias, aunque sin llegar a sucumbir a la acción del virus (en algunos lugares es endémico, como parece ocurrir en la isla de La Palma), su incidencia es grande y en algunos casos está presente en abejas aparentemente sanas. Los brotes más virulentos se suelen presentar en primavera o verano, y cada vez toma más fuerza la idea de que este y otros virus se encuentran permanentemente en las poblaciones de abejas, sin que los animales presenten ningún tipo de sintomatología, y sin desencadenar su acción patógena hasta que algún factor estresante, como puede ser la escasez de alimento o la acción de varroa, "dispare" su acción.
Virus de la parálisis aguda (V.P.A.). Su descubrimiento se realizó en el laboratorio analizando muestras de abejas que presentaban los síntomas del V.P.C., por lo tanto la sintomatología que pueden desencadenar los dos virus en algunos casos son muy similares. Su presencia en las colmenas no se asocia en la mayoría de los casos a la aparición de ninguna sintomatología específica, debido probablemente a su reproducción en tejidos no imprescindibles para el mantenimiento de la actividad vital, o bien a que su tasa reproductiva sea baja.
El virus de la parálisis aguda puede llegar a exterminar un colmenar, pero lo más frecuente es que la sintomatología que desencadena su acción aparezca bruscamente, mate algunas colonias y debilite otras, produciéndose a continuación una lenta recuperación de las colmenas.
La máxima incidencia ocurre en los periodos de máxima actividad en la colmena y especialmente hacia la mitad del verano; para su transmisión y ataque "virulento", parece requerir de un vector (organismo) que lo transporte y lo inocule a las abejas, este vector en muchos casos puede ser Varroa destructor o Acarapis woodi.
Virus filamentoso. Originalmente se confundió con una posible ricketsia (bacteria) debido a que es un virus de gran tamaño (150 x 450 nm ), y la sintomatología que desencadenaba en algunos casos, era similar a la que presentaban abejas supuestamente atacadas por ricketsias. Este virus es el menos virulento de todos los conocidos, y se multiplica principalmente en los tejidos del cuerpo graso y en el ovario de las abejas adultas.
La sintomatología que presentan los animales puede ser confundida con la producida por otros procesos patológicos, debido a que los síntomas más evidentes son que las abejas se arrastran y se mueren, y que las pupas en las celdillas se vuelven marrones o negras.
Debido a su gran tamaño y a la presencia de las partículas viricas en la hemolinfa, la identificación se puede realiza con un microscopio óptico, a partir de muestras de hemolinfa procedentes de animales enfermos o muertos. En algunos casos se ha descrito la presencia de estas partículas viricas en animales sanos, sin ningún tipo de sintomatología.
La transmisión puede ser por vía alimentaria o por inoculación mediante la acción de un vector, que lo introduzca dentro del cuerpo de una abeja. La mayor incidencia de esta virosis se produce en primavera, remitiendo en el verano.
Virus alas opacas. Es un virus esférico muy pequeño (17 nm), el principal síntoma que presentan las abejas infectadas por este virus es la pérdida de la transparencia de las alas. Las partículas viricas se encuentran en las células de la traquea y en los músculos torácicos, por lo que especula con que la vía de contagio sea la traquea. En la naturaleza este virus presenta una baja incidencia.
Virus X e Y. Los dos virus son muy parecidos y durante varios años se han confundido entre si; afectan al tubo digestivo de las obreras adultas, los animales no muestran signos de infección y la transmisión se efectúa vía alimento. La principal diferencia entre ellos radica en la época del año en la que infectan a las abejas, el virus X las ataca usualmente en el invierno y el Y en primavera.
Virus de las alas deformes. La sintomatología que puede desencadenar este virus se parece mucho a la producida por varroa. Las abejas afectadas tienen un tamaño inferior al normal y las alas presentan deformidades o se encuentran atrofiadas. Este virus puede afectar a las abejas adultas y la cría, además se sabe que Varroa destructor puede actuar como vector de transmisión entre insectos sanos y enfermos.
Virus Kashmir. Se considera como uno de los virus más virulentos, ya que unas cuantas partículas viricas inyectadas en abejas sanas pueden matarlas en pocos días, pero también es importante saber que se puede encontrar en muchas colonias sin producir síntomas evidentes.
Parece ser un virus muy cercano al de la parálisis aguda (VPA), y varios investigadores opinan que para que este virus manifieste síntomas en una colonia, tiene que estar asociado a otra enfermedad (ej. varroasis o nosemiasis).
Virus de la parálisis lenta. Se ha asociado a la varroasis y aún no se ha demostrado que su acción directa pueda llegar a exterminar una colonia.
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Bacteriosis.
En las abejas adultas las infecciones bacterianas suelen producir septicemia y diarreas.
Septicemia. Una septicemia es una infección generalizada, los síntomas son bastante inespecíficos y las abejas afectadas se suelen arrastrar sin poder volar, además en la colmena hay un fuerte olor a descomposición. El agente causal es Pseudomona auriginosa y parece ser que los brotes aparecen en colonias fuertemente estresadas, se piensa que la puerta de entrada de este patógeno en las abejas son las aberturas respiratorias.
Al ser una enfermedad factorial se pueden recomendar las mismas medidas de manejo propuestas para la loque . El tratamiento más recomendable es el sulfatiazol sódico , debido a que se conocen varias cepas resistentes a la eritromicina.
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Enfermedades producidas por protozoos.
Los protozoos (protoctistas) que pueden producir enfermedades en las abejas adultas se suelen encontrar en muchos casos presentes en los cuerpos de los insectos, y solamente bajo determinadas circunstancias (causas predisponentes) van a desarrollar su acción patógena.
Aunque son varios los protozoos que pueden afectar a las abejas, dos de ellos son los que presentan una más alta incidencia, Nosema (apis y ceranae) y Malpighamoeba mellificae. La nosemiasis, sin ser una enfermedad muy peligrosa, es la más importante de las causadas por protozoos, además es una de las principales patologías en los climas fríos, donde las abejas permanecen durante largas temporadas en el interior de las colmenas.
Nosemiasis o nosemosis. Originariamente esta enfermedad estaba causada por el protozoo Nosema apis, que afecta a los animales adultos desencadenando cuadros diarreicos (debidos a la multiplicación del protozoo en el epitelio del ventrículo del sistema digestivo) que originan excrementos de color marrón oscuro a casi negro. Su sintomatología es parecida a la de la acarapidosis (excesivo número de abejas muertas en la piquera presentando un abdomen hinchado, o abejas con el abdomen inflamado que no pueden volar y sufren en muchos casos temblores) o a la producida por el virus de la parálisis aguda (VPA), la temperatura óptima para su desarrollo es de 30-34º C (la del interior de la colmena) y en condiciones ideales el protoctista puede completar un ciclo vital en 48-60 horas.
Nosema ceranae es un parásito que originalmente atacaba a la abeja asiática Apis cerana. Desde su descubrimiento en China su extensión por todo el planeta ha sido muy rápida, de hecho, actualmente presenta una distribución mundial y parece ser que compite ventajosamente con N. apis, debido a que en la mayoríalos estudios que se realizan se encuentra que las abejas están parasitadas por N. ceranae o bien por una mezcla de N. ceranae y N. apis. Este nuevo parásito produce en nuestras abejas unos síntomas muy parecidos a los que desencadena N. apis, aunque ultimamente se está barajando la posibilidad de que sea total o parcialmente responsable de la sintomatología conocida como "despoblamiento" o "desabejamiento" de las colmenas.
Las formas de resistencia de este microsporidio suelen estar presentes de forma habitual en las colonias. El contagio tiene lugar por vía bucal y Nosema comienza su ciclo vital cuando una abeja ingiere las esporas. Cuando se rompe la cubierta protectora de las esporas, se despliega un filamento que perfora las células epiteliales del sistema digestivo; una vez que los protozoos han penetrado en estas células comienzan a multiplicarse hasta que finalmente las células estallan, y liberan a la luz intestinal una nueva generación de esporas . Las esporas del protozoo pueden ser diseminadas por los excrementos de los primeros animales enfermos , y también por ingestión de miel contaminada.
Entre colmenas la dispersión se produce gracias a la deriva, pillaje, trashumancia y trasiego de material entre colonias.
Aunque existe una gran variabilidad respecto al mes del año en el que aparece esta patología , los focos más importantes han aparecido en España en épocas de condiciones climatológicas desfavorables (ej. alta humedad o deficiente flujo de néctar y polen); claramente es una enfermedad factorial que necesita de unas causas predisponentes . Al comienzo de la enfermedad aparecen desórdenes intestinales, algunas veces estreñimientos, pero más frecuentemente diarreas .
Posteriormente los animales pierden la capacidad de volar, se arrastran reuniéndose en pequeños grupos y padecen temblores. Finalmente la colonia se despuebla de animales adultos, y aparece ensuciada exterior e interiormente con los excrementos de los insectos (pueden tener un color amarillento).
El diagnóstico se realiza macerando tubos digestivos de 30-40 abejas obreras , y observando la presencia de los protozoos; hay que tener en cuenta que el protozoo puede estar presente de forma asintomática. En un estudio realizado en colmenas del sur de España, se encontró N. apis en el 55 % de las colonias estudiadas, siendo el porcentaje de parasitación del 20 %.
No se debe de realizar tratamientos preventivos, ya que solamente conseguiríamos fomentar la aparición de fenómenos de resistencia.
Se recomienda destruir el material infectado (ej. cuadros manchados de excrementos) y desinfectar (ej. mediante el flameado con un soplete de gas) la colmena. Existe una alternativa cuando la cantidad de material a tratar es grande, en estos casos podemos tratar las colmenas raspadas y los cuadros vacíos con calor (50º C durante 24 horas) o con ácido acético al 80% .
Amebiasis o amebosis. Está producida por el protozoo Malpighamoeba mellificae y la sintomatología es parecida a la de la nosemiasis. Las abejas ingieren los quistes (agente patógeno) oralmente, estos una vez que se encuentran en el intestino pasan a una fase de vida móvil y se dirigen al sistema excretor.
Una vez que alcanzan los túbulos de Malpigio el protoctista no penetra en el interior de las células, sino que emite pseudópodos para alimentarse; los quiste se evacua con las heces.
No se considera una patología importante ya que se necesitan niveles de infestación muy altos para que este agente patógeno pueda llegar a ocasionar la muerte de los animales. En su ciclo biológico parece presentar dos picos anuales, uno en primavera y otro en otoño.
Aunque no se considere una patología importante, con mucha frecuencia se puede presentar asociada a nosemiasis y esta situación empeora el pronóstico.
Para realizar el diagnóstico hay que diseccionar la abeja, extraer los túbulos de Malpigio y observalos con 400 aumentos. Los quistes son esféricos y su tamaño es el doble del de las esporas de Nosema.
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Enfermedades producidas por artrópodos.
Varroasis o varroosis. Es una parasitosis externa producida por el ácaro Varroa destructor oVarroa jacobsoni, ectoparásito que se alimenta de la hemolinfa de las abejas adultas y de la cría. Este parásito fue descubierto en Java en 1904 y originariamente atacaba la cría de zánganos de Apis cerana, pero en los años 40 ó 50 entró en contacto con A. mellifera y pasó a ella como huésped; en el año 1985 alcanzó España .
Varroa (Varroa destructor) es un animal de cuerpo elipsoidal, deprimido dorso-ventralmente, provisto de cuatro pares de patas terminadas en "ventosas" y con un claro dimorfismo sexual, los machos son de menor tamaño que las hembras y su color es gris o amarillo, en cambio las hembras (ver foto) presentan un cuerpo de color castaño y con un diámetro mayor comprendido entre 1 y 1,7 mm.
Para poder combatirlo de forma adecuada , primeramente es necesario conocer su ciclo vital. Podemos comenzar la descripción del mismo en el momento en el que una hembra de varroa fecundada, penetra en una celdilla de obrera o de zángano que está a punto de ser operculada. En las celdas de obrara penetra unas 15 horas antes de ser operculadas y en las de zángano unas 45 horas antes de su cierre.
Varroa comienza a poner huevos aproximadamente a las 60 horas después de la operculación. Los huevos posteriores los pone con una cadencia de unas 30 horas. El primer huevo puesto originará un macho y los siguientes hembras. Las varroas recien nacidas tardan algo menos de 6 días en completar su desarrollo y llegar a ser adultas, pasando por las fases: huevo - larva - protoninfa - deutoninfa - adulto.
Las hembras una vez alcanzada la edad adulta se van apareando sucesivamente con el macho (su hermano) que está dentro de la celda de cría; cuando sea abierta la celdilla las varroa hembra , que se encuentran fecundadas (la tasa reproductiva media es de dos descendientes por ciclo de puesta), abandonarán la misma para parasitar a otras abejas del enjambre.
Las hembras de varroa suelen tener un sólo ciclo de cría en su vida y las abejas que han sido parasitadas en las celdillas no suelen morir, pero sus capacidades suelen estar limitadas y se considera que no son animales productivos para la colonia.
Esta parasitosis se transmite por contacto entre los animales y puede destruir los enjambres o colonias, al originar un alto número de obreras con malformaciones (ej. alas atrofiadas o animales de pequeño tamaño) no aptas para las labores de mantenimiento de las colonias.
Un aspecto de la varroosis a tener muy en cuenta es que varroa prefiere las celdas de cría. Si la cría es abundante las celdillas pueden contenet entre el 70 y el 80% de la población de la colmena.
La población de varroa no crece en todas las colonias con la misma rapidez, existen diversas circunstancias y factores que influyen en a prolificidad del parásito; un primer factor es la estacionalidad y otro es la localización geográfica. Si una colmena se mantiene unos niveles de parasitación bajos se habla de tolerancia o de resistencia al ácaro.
Una determinada colmena puede ser resistente o tolerante a varroa por una de las siguientes causas:
1. Bajo nivel de reproducción del parásito.
a. Alta infertilidad o baja tasa reproductiva de varroa.
b. El tiempo de operculación de las celdillas es más corto de lo habitual y las nuevas varroas mueren por inmadurez.
c. Las hembras de varroa realizan menos ciclos reproductivos de los habituales.
2. Alta mortandad de los parásitos.
a. Las abejas atacan a los parásitos situados sobre sus compañeras (comportamiento de grooming).
b. Las abejas extraen un elevado porcentaje de la cría parasitada (comportamiento higiénico).
c. Las varroas tienen una alta tasa de mortalidad debido a algún factor ambiental (ej. altas temperaturas) .
En un estudio realizado sobre la dinámica poblacional de varroa en colmenares del sur de España se encontró que existía una alta mortandad del parásito en los meses de verano, además algunas de las colmenas presentaban una baja tasa de parasitación aunque algunas colmenas vecinas la presentasen alta.
Cuando el grado de infestación es bajo resulta difícil percibir los parásitos sobre las abejas; el diagnóstico se puede realizar introduciendo una muestra de abejas en un bote conteniendo agua templada con un 1 % de jabón líquido, se agita el bote durante unos minutos, las varroas se desprenden de los animales y pueden observarse en el fondo del recipiente . Se considera que el grado de parasitación es leve cuando la tasa de infestación es inferior al 5%. Con una tasa de infestación de entre 5-10% la colonia está seriamente afectada aunque no observemos una sintomatología preocupante; con una tasa de entre un 10 y un 20% son evidentes alteraciones morfológicas en los animales y si la tasa es superior al 20% la viabilidad de la colonia se encuentra bastante cuestionada. Si la tasa de infestación es superior al 30% podemos considerar la colonia como perdida.
El tratamiento se suele realizar cuando no hay cría en la colmena, y consiste en la aplicación de productos sistémicos que contengan moléculas acaricidas, como es el caso del fluvalinato (Apistan®, Klartan® o Mavrik®; solamente el Apistan® está registrado para uso apícola); es conveniente realizar un tratamiento preventivo a comienzos de la primavera y otro a comienzos del invierno, pero hay que tener en cuenta que actualmente la resistencia del ácaro a este producto se está incrementando.
También se está usando otro acaricida denominado amitraz (el tratamiento autorizado recibe el nombre de Apivar®), pero como en el caso del fluvalinato están apareciendo resistencias al principio activo, además y para complicar algo más el panorama se admite que esta molécula puede ser tóxica para el hombre.
Visto que los productos acaricidas no son la panacea, hay que buscar la máxima efectividad de los tratamientos. Para conseguir nuestro propósito tenemos que seguir las siguientes recomendaciones:
1. Todos los apicultores de una zona deben de aplicar los tratamientos simultáneamente.
2. Intentar usar más de un principio activo. Si se realizan dos tratamientos anuales recomendamos no usar en los dos la misma substancia, además nunca se deben de aplicar dos principios activos de forma simultánea.
3. Si un tratamiento no es eficaz, nunca se debe de repetir con la misma sustancia ni con una dosis mayor, ni con mayor frecuencia.
4. No dejar nunca que un determinado producto permanezca de forma indefinida en la colmena, es la mejor opción que podemos seguir si queremos que aparezcan de forma muy rápida varroas resistentes.
Como alternativa a los tratamientos tradicionales se está recurriendo al uso de diferentes productos denominados "naturales" o bien diferentes medidas de manejo . De los productos "naturales" probados el timol es una de las opciones más recomendables. Para aplicarlo hay que cuidar la dosis y emplear un sistema que permita una liberación progresiva del principio activo .
Nosotros recomendamos para las colmenas tipo Layens, mezclar 1 g de aceite por cada 2,5 g de timol puro de la siguiente forma: calentar el aceite hasta 65º C, añadir el timol y remover hasta que se disuelva; a continuación se enfría la mezcla hasta los 40-45º C y en este momento se sumergen las tiras de cartón durante varios minutos, para que se impregnen de la mezcla. Posteriormente se dejan escurrir y se guardan en un envase hermético, y en un lugar fresco.
La dosis máxima recomendada es de dos tiras por colmena que contenga un mínimo de 8 cuadros de abejas. Se repite un segundo tratamiento con un intervalo de 8-12 días; excepcionalmente puede darse un tercer tratamiento.
Después de realizar un tratamiento contra varroa, si se siguen observando, no significa necesariamente que fallara el tratamiento aplicado, debido a que la eficacia no alcanza el 98%. Hay que valorar como se realizó éste y observar la evolución de la colmena. Si aparece resistencia no se debe nunca tratar con el mismo producto, sino que hay que cambiarlo por otro alternativo.
También pueden existir síntomas equívocos, por ejemplo ver abejas con alas deformadas, en una colmena donde la cantidad de varroa no es excesiva puede ser señal no de varroasis, sino de virosis.
Acariasis o acarapidosis. Es producida por el ácaro Acarapis woodi, animal que vive en el sistema respiratorio de las abejas adultas; prefiere el primer par de tráqueas torácicas , debido a que el espiráculo situado en el 2º terguito (debajo de la zona de inserción de las alas) no puede cerrarse totalmente.
Su ciclo vital es de 15-20 días, a los 4-5 días de penetrar en la tráquea de una abeja, la hembra de Acarapis pone entre 5 y 6 huevos de gran tamaño , el desarrollo de los huevos hasta la fase adulta es de 11-12 días para los machos y 13-16 días para las hembras. La propagación se efectúa por contacto con una abeja infestada en los 9-10 días siguientes a la salida de las celdas de cría de los animales (las abejas recién nacidas pueden ser afectadas en el 90 % de los casos y las de 5 días en el 10 %), debido a que con la edad los pelos que rodean los espiráculos se van endureciendo y forman una auténtica barrera que impide la entrada, pero no la salida de los parásitos; esta parasitosis suele cursar de forma asintomática.
Como ocurre con casi todos los parásitos la población de este ácaro no se mantiene estable en una colonia a lo largo del año. En los climas fríos la mayor densidad de parásitos se da a finales de la primavera o principios del verano, obviamente coincidiendo con el período reproductivo de primavera.
Los síntomas externos de los animales no suelen ser específicos (se pueden confundir, entre otros, con una nosemiasis o con una intoxicación; los animales suelen tener problemas para volar y en muchos casos las alas pueden presentar una posición anormal) ni precisos , y el diagnóstico se realiza observando si ejemplares de A. woodi están presente en el primer par de tráqueas torácicas de las abejas adultas .
Respecto a la virulencia de esta enfermedad, el ácaro produce en la abeja dos tipos de acciones:
1. Acción directa. Es de tipo mecanica y expoliativa debido a que los ácaros en primer lugar obstruyen el sistema respiratorio impidiendo su normal funcionamiento, y en segundo lugar es expoliativa ya que se alimentan de la hemolinfa del hospedador.
2. Acción indirecta. Acarapis puede actuar también como un vector transmisor de diferentes virus.
Para su tratamiento tradicionalmente se ha empleado el Folbex® (clorobencilato de etilo), pero también se pueden usar los mismos productos utilizados para el tratamiento de la varroasis. Otro posible tratamiento consiste en la introducción de 5 cristales de timol o 5 gr de Apitimol® en una colonia (no tratar la colonia si no tiene cría, ya que las abejas pueden abandonar la colmena) durante una semana, repitiendo el tratamiento durante tres semanas.
Piojo de la abeja. El agente causal es Braula caeca, un díptero de color castaño o beige y de aproximadamente 1 mm de diámetro, que se localiza en el dorso (tórax) de las abejas adultas (con una alta frecuencia sobre las reinas) y que se alimenta de las secreciones salivares. Los huevos son blancos y los animales los depositan en la cara interior de los opérculos que cubren las celdillas con miel; las larvas minan la cera de los opérculos y fabrican galerías para alimentarse con la miel y el polen, tres semanas después de la puesta (el ciclo de desarrollo dura entre 16 y 23 días) aparece en el extremo de una galería el insecto adulto. En algunos casos el piojo (también podríamos denominarlo como mosca de la abeja) se considera como un parásito y en otros como un comensal; unos cuantos no causan problemas a la colonia, pero cuando su número es grande pueden llegar a ser dañinos.
Apimiasis. Está causada por la larva endoparásita de la mosca Senotainia tricuspis , que una hembra (5-7 mm de largo, con manchas triangulares grisáceas en el abdomen y blanquecinas situadas entre los ojos compuestos) deposita sobre la membrana intersegmental que une la cabeza y el tórax de la abeja; una hembra es capaz de producir hasta 700 larvas .
Esta mosca se posa sobre la tapa de la colmena y espera que las abejas salgan para atacarlas. Pertenece a la familia Sarcofágidos que incluye a las moscas que usan los cadáveres para colocar sus puestas.
La larva (estadío I) con una longitud de 1 mm penetra en el interior del cuerpo y se dirige hacia el tórax alimentándose de la hemolinfa de su hospedador. En el tórax muda (estadio II con una longitud de unos 2 mm) y normalmente como consecuencia de este proceso la abeja muere (a los 4 ó 5 días de la infestación), entonces la larva realiza la tercera muda (estadío III con una longitud de 5 mm) y comienza a ingerir los tejidos de su hospedador. Finalmente la larva abandona el cadáver por la cabeza de la abeja y una vez en el exterior se entierra en el suelo a una profundidad de 1-7 cm, para completar su desarrollo; también puede permanecer enterrada (diapausa) hasta la primavera siguiente. El ciclo vital dentro del hospedador dura unos 10 días, tiempo similar al que permanecen enterrados en el suelo.
Los signos más evidentes de la presencia de este parásito son las abejas muertas decapitadas a la entrada de la colmena, o también con una larva en su interior, o caparazones vacíos de abejas con una pupa rojiza adosada.
Este parásito produce un debilitamiento de la colonia al reducir el número de abejas pecoreadoras, sólo en contadas ocasiones puede ocasionar problemas más graves . El tratamiento consiste en la colocación en la parte anterior de la tapa de la colmena, de una tira blanca de unos 8 cm de ancho impregnada de vaselina mezclada con un insecticida de contacto (ej. 2% de Lindano). El tratamiento sólo es recomendable cuando la infestación es masiva ya que también produce una alta mortalidad de abejas.
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Enemigos de las abejas.
Una colonia de abejas, representa para muchos animales, un almacén de comida que puede ser saqueado cuando las condiciones son las adecuadas, o un refugio que se puede emplear en las estaciones desfavorables. En otoño los roedores pueden penetrar en las colmenas destruyendo los panales; también hay pájaros insectívoros (ej abejaruco) para los que las abejas forman parte de su dieta, o aves que pueden taladrar las colmenas (ej pitos reales, Picus viridis).
La esfinge de calavera (Acherontia atropos) es un lepidóptero provisto de un dibujo en el tórax en forma de calavera, que suele penetrar en las colmenas para alimentarse (su dieta alimenticia se basa en soluciones azucaradas o néctar, y cuando entra en la colmena no altera la cera de los cuadros); estas mariposas emplean las uñas de las patas, para desgarrar los panales y poder acceder con la probóscide a la miel. No suele provocar problemas en las colmenas, su exoesqueleto es bastante grueso, por lo que pocas veces resulta muerta cuando es atacada por las obreras.
La planta huésped preferida por las orugas de esta mariposa es el olivo, y en algunos casos los apicultores pueden encontrar a los animales adultos muertos dentro de las colmenas, debido a los picotazos de las abejas.
La piral de la cera o falsa tiña gigante o polilla grande de la cera (Galleria mellonella) es otro lepidóptero que aparece donde existen colmenas. Es una mariposa nocturna de color marrón grisáceo que con las alas extendidas alcanza un tamaño de 20 a 30 mm, la hembra puede poner entre 300 y 600 huevos (agrupados en conjuntos de 30-50 huevos) en las fisuras de la colmena, de los huevos nace una larva que cuando es joven tiene un color blanco grisáceo, pasando posteriormente a tener un color gris y alcanzando un tamaño de unos 2.5 cm; después de unos 18-19 días la larva busca un soporte sólido hilando un capullo de unos 2 cm de longitud, del que saldrá una mariposa que vive entre 3 y 30 días (las hembras comienzan a poner huevos entre los 4 y 10 días después del nacimiento), si las condiciones ambientales son buenas se desarrollan varias generaciones de forma ininterrumpida . Es muy temida por los apicultores ya que las orugas se alimentan de la cera de los panales, produciendo una alteración denominada cría pelada .
Las colonias fuertes y bien pobladas se suelen defender fácilmente del ataque de esta mariposa, pero no ocurre lo mismo con las débiles; también puede atacar a las colmenas almacenadas, por lo que se recomienda almacenar las alzas que contengan cuadros con cera (tratadas con un gas insecticida, como el producido por los cristales de paradiclorobenceno), en pilas tapadas con un cubridor. Para destruir a estos animales se emplea un insecticida biológico (una bacteria denominada Bacillus thurigiensis, cepa awasi) que se comercializa bajo el nombre de B401®.
Otro lepidóptero que puede atacar a las colmenas es Achroia grisella, denominado vulgarmente polilla menor de la cera, es una mariposa de color gris plateado con la cabeza amarillenta; su tamaño oscila entre los 13 mm de las hembras (pueden poner entre 250 y 300 huevos) y los 10 mm de los machos. Su presencia se detecta al igual que en el caso de la piral, por la presencia de galerías en la cera de los panales que contienen capullos de seda en su interior. El tratamiento es el mismo que para Galleria mellonella.
Varias avispas se pueden considerar como verdaderos enemigos de las abejas, entre las especies más dañinas se encuentra el avispón o tabardo (Vespa crabro), este insecto fabrica nidos subterráneos de gran tamaño y puede incluso exterminar colonias enteras.
El coleóptero Protaetia opaca (Cetonia melicivorus) es un comensal que penetra en la colmena para alimentarse, su presencia se detecta por la aparición en los panales de surcos anchos y sinuosos.
El caparazón del que están provistos estos animales impide que las abejas puedan atacarlos, por lo que en las zonas donde sean muy abundantes hay que recurrir a la reducción del tamaño de las piqueras (orificios de acceso a las colmenas).
Intoxicaciones.
En algunas ocasiones las abejas se pueden intoxicar si liban néctar que contenga productos tóxicos, como ocurre con los castaños de indias. También se pueden envenenar los animales, cuando empleamos de forma inadecuada insecticidas o acaricidas usados para tratar algunas enfermedades. Pero los envenenamientos o intoxicaciones más frecuentes, son los provocados por los insecticidas empleados en las prácticas agrícolas; no existen tratamientos y la única acción posible consiste en intentar limitar los daños, trasladando las colonias a un nuevo emplazamiento.
Los síntomas producidos por una intoxicación con un insecticida o acaricida son variados, pero los podemos agrupar en los apartados siguientes:
1. Si las pecoreadoras se han intoxicado fuera de las colmenas y mueren antes de regresar, observamos que las colmenas se despueblan sin que existan causas evidentes, además se produce un desequilibrio en el balance cría/obreras, es decir, hay una gran cantidad de cría y pocas obreras para atenderla.
2. Las pecoreadoras consiguen regresar a la colonia, pero cuando se encuentran agonizantes son expulsadas, por lo que los cadáveres se localizan en las tablas de vuelo y en las proximidades de la colmena. En algunos casos el virus de la parálisis crónica (VPC), puede desarrollar una sintomatología similar a la descrita.
3. El agente tóxico transportado por las pecoreadoras alcanza a todos los componentes de la colonia, en este caso mueren dentro de la colonia las obreras e incluso las larvas, pero no se observa ningún síntoma de enfermedad infecciosa.
Despoblamiento de las colmenas.
Desde hace cierto tiempo los apicultores están padeciendo una nueva patología conocida como "desabejamiento" o "despoblamiento" de las colmenas. La principal sintomatología que muestran las colonias afectadas es una pérdida progresiva de efectivos, sin que se pueda atribuir esta pérdida a un determinado y claro agente patógeno.
Para tratar de explicar esta nueva patología se han planteado tres hipótesis principales:
1ª. Se trata de un problema nutricional: se baraja la posibilidad de que los aportes polínicos que recibe la colonia sean insuficientes o inadecuados, es decir, su calidad como fuente de proteína no sea la óptima para la nutrición y desarrollo de las abejas.
2ª. Está originada por la acción de un pesticida: aunque la sintomatología asociada a esta patología es relativamente difusa, se ha propuesto que los principios activos Imidacloprod o Fipronil utilizados en las formulaciones de diferentes insecticidas (ampliamente utilizados) sean los reponsables del despoblamiento.
3ª. La sintomatología se debe a un efecto combinado: todos los apicultores saben que varroa es un temible enemigo de las abejas. Puede darse el caso que la acción combinada de Varroa destructor con otro agente patógeno como puede ser Nosema ceranae sean los responsable de esta enfermedad. A este temible duo se podrían unir determinados factores ambientales.

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